Si al mirar el interior de una chimenea observamos una capa negra, brillante y pegajosa, no estamos necesariamente ante el hollín habitual. Puede tratarse de creosota, uno de los depósitos que más atención requiere en una instalación de leña.
La creosota se genera durante la combustión de la madera y puede ir adhiriéndose progresivamente a las paredes interiores de la chimenea. El problema no es únicamente que ensucie el conducto: es un material combustible y su acumulación aumenta el riesgo de incendio de chimenea.
En Deshollinadores Gipuzkoa – Suberri encontramos este tipo de depósitos durante los trabajos de deshollinado e inspección, especialmente en instalaciones que han trabajado durante periodos prolongados con combustiones deficientes o con los humos a baja temperatura.
¿Qué es exactamente la creosota?
Durante la combustión de la madera se liberan gases, partículas y compuestos orgánicos. Cuando parte de estos productos de la combustión no se quema completamente y los humos se enfrían durante su recorrido por la chimenea, determinados compuestos pueden condensarse y adherirse a las paredes interiores del conducto.
Con el uso continuado, esos depósitos pueden evolucionar desde una suciedad relativamente seca y fácil de eliminar hasta capas alquitranadas, duras o vitrificadas fuertemente adheridas al conducto.
Por eso no debemos confundir automáticamente hollín y creosota.
Hollín y creosota: no son lo mismo
El hollín suele presentarse como un depósito negro, seco y pulverulento. Normalmente puede eliminarse mediante un deshollinado mecánico adecuado.
La creosota, en cambio, puede presentar un aspecto más pegajoso, alquitranado o incluso negro brillante y vitrificado. Cuanto más adherido y endurecido está el depósito, más complicada resulta su eliminación.
Esta diferencia es importante porque no todas las chimeneas pueden limpiarse de la misma manera. Antes de actuar hay que valorar qué tipo de depósito existe y cuál es el estado del conducto.
¿Por qué se forma tanta creosota en algunas chimeneas?
Todas las combustiones de leña generan residuos, pero determinadas condiciones favorecen considerablemente la formación y acumulación de creosota.
Leña húmeda
Es una de las causas más frecuentes.
Cuando utilizamos madera con demasiada humedad, una parte importante de la energía generada se emplea en evaporar el agua contenida en la propia leña.
La temperatura de combustión disminuye, aumenta la cantidad de productos inquemados y los gases llegan más fríos al conducto, favoreciendo la formación de depósitos.
Como referencia, para una combustión adecuada recomendamos utilizar leña con una humedad inferior aproximadamente al 20 %.
Combustiones demasiado lentas
Cerrar excesivamente las entradas de aire para conseguir que una carga de leña dure muchas horas puede parecer una buena forma de ahorrar combustible, pero técnicamente puede producir el efecto contrario.
Una combustión con insuficiente aporte de aire genera más productos inquemados y favorece la formación de hollín y creosota.
Una estufa de leña debe trabajar dentro de las condiciones de funcionamiento previstas por su fabricante.
Enfriamiento excesivo de los humos
La temperatura del conducto también es determinante.
Cuando los gases de combustión se enfrían demasiado durante su recorrido hacia la cubierta, aumenta la posibilidad de que determinados compuestos se condensen sobre las paredes interiores.
Por este motivo, el diseño y aislamiento del conducto de humos tienen una influencia directa sobre el funcionamiento de la chimenea.
Un conducto exterior sin el aislamiento adecuado, recorridos incorrectos o determinados conductos antiguos pueden favorecer el enfriamiento excesivo de los gases.
Problemas de tiro
Un tiro insuficiente dificulta la evacuación de los productos de la combustión y puede afectar a la calidad de la propia combustión.
La causa puede encontrarse en el diseño del conducto, su sección, cambios de dirección, obstrucciones, acumulaciones de suciedad, el remate superior o incluso en las condiciones de ventilación de la vivienda.
Por eso, cuando encontramos depósitos anormales, no debemos limitarnos a limpiar: conviene intentar determinar por qué se han producido.
¿Cómo puedo saber si mi chimenea tiene creosota?
Hay algunos indicios que pueden hacer sospechar de su presencia:
- depósitos negros y brillantes en el interior del conducto;
- placas o costras duras que se desprenden;
- residuos pegajosos o de aspecto alquitranado;
- acumulaciones importantes de suciedad en zonas accesibles de la chimenea;
- olor intenso procedente del conducto.
Sin embargo, la parte visible desde el aparato representa únicamente una pequeña parte de toda la chimenea.
Para conocer el estado real del conducto puede ser necesario realizar una inspección interior, especialmente cuando durante el deshollinado se detectan depósitos anormales o existen dudas sobre el estado de la instalación.
¿Por qué puede ser peligrosa?
El principal problema es sencillo: la creosota es combustible.
Si se acumula una cantidad suficiente en las paredes interiores y se alcanzan las condiciones necesarias para su ignición, puede producirse un incendio dentro de la propia chimenea.
Además, la acumulación progresiva de depósitos puede reducir la sección útil del conducto y afectar a la correcta evacuación de los productos de la combustión.
Por este motivo, la presencia importante de creosota no debe considerarse simplemente un problema de suciedad.
¿Se puede eliminar siempre la creosota?
No.
La posibilidad de eliminarla depende del tipo de depósito, su espesor, el grado de adherencia y el material y estado del conducto.
Los depósitos secos y poco adheridos pueden retirarse mediante un deshollinado mecánico. Sin embargo, cuando la creosota ha evolucionado hasta formar capas alquitranadas, endurecidas o vitrificadas, la situación es muy diferente.
En determinados casos pueden utilizarse procedimientos específicos para intentar reducir o desprender estos depósitos. Pero no siempre es posible eliminar completamente la creosota, y forzar su retirada mediante sistemas mecánicos agresivos puede llegar a deteriorar el propio conducto.
Por este motivo, cuando encontramos una acumulación importante de creosota, primero debemos valorar su estado y las características de la chimenea. Si no es posible realizar una limpieza eficaz y segura, será necesario estudiar qué actuación técnica debe realizarse sobre el conducto antes de continuar utilizándolo.
El objetivo no es únicamente retirar los depósitos, sino comprobar el estado del sistema de evacuación, valorar si la limpieza puede realizarse de forma eficaz y segura y detectar las causas que han favorecido su formación.
¿Sirven los troncos y productos químicos deshollinadores?
Los productos químicos comercializados como troncos, sobres o polvos deshollinadores no sustituyen al deshollinado mecánico ni permiten comprobar el estado de una chimenea.
Algunos productos pueden modificar o facilitar el desprendimiento de determinados depósitos, pero no eliminan por sí solos todos los residuos ni permiten detectar obstrucciones, deterioros o defectos en el conducto.
Por eso no deben confundirse con una operación profesional de mantenimiento.
¿Cómo podemos reducir la formación de creosota?
La prevención empieza por conseguir una buena combustión.
Utilizar leña seca, respetar las instrucciones de funcionamiento del aparato, evitar mantener durante largos periodos combustiones excesivamente lentas y disponer de un conducto correctamente diseñado contribuyen a reducir la formación de depósitos.
A ello debe añadirse el mantenimiento periódico de la chimenea, que permite retirar los residuos antes de que la acumulación sea importante y comprobar si existen anomalías que puedan estar favoreciendo su formación.
No basta con eliminar la creosota: hay que preguntarse por qué está ahí
Este es probablemente el punto más importante.
Cuando encontramos una acumulación importante de creosota, la intervención no debe limitarse a intentar eliminar los depósitos. Es necesario valorar también por qué se han formado y comprobar el estado del sistema de evacuación de humos.
La cantidad y el tipo de depósito pueden estar dando información sobre cómo está funcionando la instalación.
Leña húmeda, combustiones deficientes, falta de aire, problemas de tiro o un conducto que enfría excesivamente los humos pueden estar detrás de una formación anormal de creosota.
Por eso, en Deshollinadores Gipuzkoa – Suberri, el mantenimiento de una chimenea no consiste únicamente en introducir un cepillo y retirar hollín. El objetivo es comprobar el estado del sistema de evacuación y detectar aquellos indicios que puedan afectar a su funcionamiento y seguridad.
¿Tienes dudas sobre el estado de tu chimenea?
Si observas depósitos negros brillantes, costras, acumulaciones importantes de hollín o hace tiempo que no se realiza el mantenimiento del conducto, es recomendable comprobar su estado antes de iniciar un uso intensivo durante la temporada de invierno.
La acumulación de creosota no debe considerarse únicamente un problema de limpieza. Cuando los depósitos son importantes, están vitrificados o existen dudas sobre el estado del conducto, es necesario valorar la instalación en su conjunto y determinar si la limpieza puede realizarse de forma eficaz y segura.
En Deshollinadores Gipuzkoa – Suberri somos empresa instaladora y mantenedora habilitada conforme al RITE y realizamos el mantenimiento, inspección y diagnóstico de chimeneas en Gipuzkoa, valorando en cada caso el estado del conducto y la actuación técnica necesaria.